La clave de la victoria
Romanos 8:8
Alguna vez un hombre amable y quizás hasta bien intencionado, me preguntaba si llevando tantos años de convivir con su mujer, con la cual había procreado ya cinco hijos, y a quien le era muy fiel, de muchísimos años y que por supuesto amaba tanto, le era necesario casarse para agradar a Dios, teniendo en cuenta que ya comenzaba incluso a ser abuelo, razón por la cual se sentía muy ridículo para vestirse de "novio". La respuesta obviamente fue sí; pero el punto en este ejemplo es que muchas personas por temor al ridículo e incluso al qué dirán, se abstienen de hacer lo que saben que tienen que hacer para agradar a Dios.
La carta a los gálatas en capítulo cinco y verso dieciséis en adelante, nos ayuda a ampliar esta Palabra, cuando nos advierte que mientras la carne desea todo lo que es de la naturaleza pecaminosa -inmoralidad sexual, impureza, libertinaje, idolatría, brujería, odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidia, borrachera, orgías, y cualesquier otra cosa que se origine por ellas; el Espíritu Santo, nos da su fruto -amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. De esta manera, podemos contrarrestar todo lo que nuestra carne quiere levantar para dañarnos y obviamente, afectar nuestra relación con el Padre celestial.
Agrademos entonces a nuestro Amado, obedezcámosle y llevemos una vida de fe, para que su Presencia esté con nosotros, sin importar las circunstancias que nos rodeen. Pablo lo dice aquí con toda claridad (Vr. 5-8), quien vive en el Espíritu no puede ocuparse de la carne, porque esto es enemistad contra Dios, es lo que decimos popularmente, estar sacando permanentemente "el viejo hombre", que trae odio, contiendas, y todo lo que afecta nuestra vida espiritual.
Oración. Gracias Padre Dios que tenemos acceso a tu Palabra, y en ella nos muestras la responsabilidad que tenemos como tus hijos amados, razón por la cual, entonces todo nos irá muy bien, porque donde tú estás no falta absolutamente nada. Gracias por darnos la clave del éxito.; en el Nombre de tu Hijo Jesucristo. Amén.
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